La elegancia no se impone, se percibe.
No es destacar, es permanecer.
Es silencio con presencia.
Es saber quién eres sin necesidad de explicarlo.
La sobriedad es el lujo de quien no necesita exagerar.
La elegancia nace en la actitud y se refleja en el detalle.
No es apariencia, es esencia.
Donde hay templanza, hay grandeza.